Ruta líneal comenzando en Mieza, desayunando en el bar/restaurante de la plaza: La Casa del Cura (923 602729). Después de desayunar, nos acercamos a los Miradores del Colagon del Tío Paco y el mirador de La Code, porque estar en Mieza y no visitar sus 2 Miradores estrellas, es un delito! más 3,80 kms (ida y vuelta).
En Mieza hay más miradores, hay una ruta llamada de los miradores, muy interesante:
* https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/circular-mieza-miradores-del-duero-parque-natural-arribes-del-duero-12359400
Nuestra ruta de hoy será la de Mieza a Vilvestre, donde comeremos y tomaremos café en los bares. Si hay ganas, nos acercamos a lo alto del pueblo, al cerro del Castillo, donde hay un estupendo mirador. Luego ya, nos dirijimos a Saucelle.
* https://www.lasendadelduero.com/rutas-por-el-duero/sendero-gr-14/etapa-38-mieza-vilvestre/
De Mieza a Vilvestre | 7,9 Km.
La localidad de Mieza siempre ha estado muy vinculada al reino vegetal. De hecho, Mieza posee una ermita dedicada a la Virgen del Árbol; y su término alberga el mayor almezal de Europa, un bosque de más de doscientas hectáreas donde el almez (Celtis australis), hojaranzo o lodón es la especie principal. Además, las calles de Mieza conservan en muy buen estado una interesante arquitectura popular cuyas construcciones más sobresalientes son la Ermita del Humilladero, el cementerio del Cerro de San Pedro o los antiguos lavaderos.
El almezal de Mieza, un bosque único. Desde los Miradores de La Code y Colagón del Tío Paco.
Las limitaciones orográficas del Parque Natural de los Arribes del Duero han frenado la expansión de las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales lo que ha permitido la conservación de comunidades vegetales de gran interés ecológico. Entre ellas destacan los bosquetes de almeces que salpican las laderas a lo largo del cañón del Duero y sus afluentes. En especial sobresale el almezal de Mieza que es el bosque de almeces más extenso de Europa.
El profundo encajamiento de la red fluvial del Río Duero y sus afluentes define dentro del Parque Natural de los Arribes del Duero dos unidades geográficas perfectamente diferenciadas: la penillanura y el arribe. También es responsable de las diferencias climatológicas que se producen entre ambas unidades cuyas altitudes pueden diferir hasta 500 metros en ciertas zonas. Esta peculiar configuración geomorfológica de los arribes propicia la existencia de una vegetación mediterránea de carácter termófilo y rica en endemismos.
El almez es un árbol caducifolio, de hojas simples y alternas con bordes dentados y base asimétrica. En verano produce una drupa negruzca comestible. Es una especie mediterránea ligada principalmente a ambientes ribereños y cursos de agua pero, en el Parque Natural de los Arribes del Duero es capaz de dominar las laderas pedregosas y los barrancos que descienden hasta el río, ocupando incluso grietas y rocas, debido al clima cálido y la elevada humedad ambiental.
Los almeces de los Arribes del Duero son árboles de 10-12 metros de altura con el tronco derecho y la corteza prácticamente lisa que se usan para leña y como ramón para el ganado. Su dura y elástica madera blanca ha sido tradicionalmente muy apreciada para fabricar toneles y aperos de labranza. Sus frutos, dulces y ricos en vitamina C, se han empleado para fabricar confituras y mermeladas.
La ruta
La etapa abandona el pueblo de Mieza por la pista que bordea el Cerro de San Pedro, un amplio camino agrícola flanqueado por las paredes de piedra que delimitan el parcelario. Las plantaciones de cerezos, almendros, olivos, perales, membrilleros y otros frutales de airoso porte alternan con los pastizales.
Al llegar a la Charca de las Escarbajas el horizonte se extiende en vastos espacios dominados por los pastos y el monte de encinas (Quercus ilex) y alcornoques (Quercus suber). Estos son los dominios del alcaudón común (Lanius senator) que con sus trinos alborzarán al viajero.
El Molmeral
Un trecho después, la Senda del Duero alcanza el paraje del Molmeral, un caprichoso sierro de cuarzo, donde no será extraño que se presente la posibilidad de contemplar la majestuosa planta de los buitres (Gyps fulvus). Posados sobre las caprichosas formaciones estas extraordinarias rapaces aguardan pacientes la aparición de una térmica con la que levantar el vuelo
El camino es cómodo y el horizonte amplio. Entre las navas colonizadas de escobas (Cytisus scoparius) se distingue el hondón del Río Duero y los altos de Saucelle, Peñahorcada, la Sierra de Marofa y otras sierras de Portugal cerca de Mogadouro. A partir de este paraje, el itinerario desciende suavemente para vadear el Arroyo de la Nava por un puente de hormigón paralelo a un bonito puente tradicional de piedra, actualmente en desuso.
Alondras (Alauda arvensis), cogujadas (Galerida cristata) y zorzales (Turdus philomelos) habitan estos parajes donde diversas aves rapaces como el águila culebrera europea (Circaetus gallicus), el busardo ratonero (Buteo buteo), el águila real (Aquila chrysaetos) o el águila perdicera (Aquila fasciata) sobrevuelan majestuosamente el lugar.
Después, el itinerario toma el Camino de los Fermines que, bordeando el Sierro del Caño, conduce hasta el casar de Vilvestre, levantado sobre la ladera del Cerro del Muro, al amparo de la Ermita de la Virgen del Castillo.
* https://www.lasendadelduero.com/rutas-por-el-duero/sendero-gr-14/etapa-39-vilvestre-saucelle/
De Vilvestre a Saucelle | 9 Km. – 2 h.
Enclavado en una situación privilegiada sobre el arribe, el Cerro del Castillo, donde actualmente se levanta el poblado de Vilvestre, ha sido habitado desde tiempos prehistóricos. El viajero aún puede visitar, en las inmediaciones de la Ermita de la Virgen del Castillo, un taller neolítico, con representaciones y cazoletas, que formó parte de un importante santuario rupestre.
Vilvestre adquirió notable relevancia durante las guerras fronterizas que se sucedieron a lo largo de la Edad Media y todavía conserva parte de los lienzos de la muralla que protegió el castillo. De estilo gótico manuelino es el Rollo de Justicia, una columna finamente tallada que simbolizaba la independencia jurisdiccional de la villa y que fue utilizada para exponer a los reos a la vergüenza pública. Antes de abandonar Vilvestre en dirección a Saucelle el viajero puede visitar la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Con bóveda de crucería, y rematada por ángeles y gárgolas, esta extraordinaria iglesia gótica es obra de Pedro Lanestosa. Además, Vilvestre merece un tranquilo paseo por sus calles para descubrir los detalles de la arquitectura popular de los Arribes del Duero.
La etapa abandona la población de Vilvestre partiendo de un abrevadero, próximo a la piscina municipal, por un pedregoso camino que delimita las fincas de labor. Las cercas de las cortinas, perfectamente alineadas, ahora son de pizarra. Ya no hay lugar para el granito que ha acompañado al viajero durante los últimos ciento cincuenta kilómetros.
El camino se dirige hacia la Fuente el Calabozo. Después, en el paraje de la Garbancera remonta una suave cuesta y tras una pronunciada curva de firme enlosado el itinerario prosigue sin desviarse.
El recorrido se aleja del casar y se interna en un bonito bosque de encinas (Quercus ilex) donde el sendero empedrado se acomoda a los barrancos de los regatos y caños de agua que cortan las curvas y contracurvas de la ladera abancalada, vadeándolos mediante bucólicos puentes y pasos de pizarra.
El Camino Natural avanza por este hermoso vallejo y, un trecho después, vira pronunciadamente para remontar la cuesta del Escarbadero por un camino enlosado con grandes lanchas de pizarra, habilidosamente colocadas.
Amplios horizontes se extienden ante el viajero y la Senda del Duero continúa, entre muros de piedra, rodeada por campos de almendros (Prunus dulcis) cuyas flores rosas y blancas ponen una nota de color brillante en el paisaje e impregnan el aire de sutiles fragancias durante la primavera.
El camino se estrecha y desciende suavemente hasta la Fuente Ventura cuyo pilón, en forma de rectángulo, vierte el agua hacia el valle de Valdebarco. El valle, ya un tanto abandonado, conserva aún buenos muros, bancales con olivos y varios casitos o chozos por los que transita una bonita vereda. Finalmente la senda desemboca en una pista, gira a la izquierda y posteriormente a la derecha para alcanzar un ancho camino agrícola donde las fincas son más amplias y el horizonte se presenta completamente despejado. En este paisaje de lomas y cerros de pizarra se adivina en lontananza el pueblo de Saucelle, encaramado entre los sierros de Santa Bárbara y de la Muela.
El año agrario
Los arribeños han estado secularmente aislados de Portugal por el infranqueable tajo que el río Duero ha tallado sobre el basamento granítico de la Meseta. Precisamente este basamento, que aflora por doquier en berrocales y tolmos, confiere al suelo unas propiedades poco favorables para el desarrollo de la agricultura y de la ganadería. En estas pobres condiciones los habitantes de esta tierra han adquirido un peculiar sentido de la propiedad que ha transformado el paisaje en un espacio agropecuario único, y han desarrollado una economía colectiva que es reconocida como ejemplo de economía sostenible en todo el mundo.
Subordinado a la penillanura y a las peculiaridades del clima, el año de los habitantes de la Ribera es un ciclo lleno de tareas:
Durante el verano se cosecha el cereal y cuando remite el calor se inicia la vendimia. Las tierras de labor se aran en otoño pero, en ocasiones se le dan reja por segunda vez en marzo, se tercian en junio y hasta se cuartean en julio. En diciembre se recoge la aceituna, se consuma la matanza del cerdo y se elabora la chacina para curarla con el frío invernal. Por enero se podan los olivos y con los calores de febrero la hierba despunta y los almendros cubren de blanco el paisaje. En la primavera se siega el herrén de las cortinas, se podan las vides y se aran las viñas y los olivares. Todas las labores del campo, aunque se han modernizado mucho requieren un esfuerzo elevado. De hecho, si las parcelas se hallan en los arribanzos todavía hay que recurrir a pequeños animales de tiro como el burro.
A estas tares hay que añadir los cuidados y atenciones del ganado durante todo el año: llevarlo a pastar, ordeñarlo, y velar por la salud de las reses.
La penillanura
Entre la Fuente de Valdebarco y el Arroyo de la Zamorana el viajero transita por la penillanura, entre terrenos de cereal y pasto, disfrutando de las majadas y de los chozos con cercados que protegen a la cabaña del lobo.














