Domingueros Viti

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Despacio, despacio...Vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.

jueves, 11 de agosto de 2022

Ruta en bicicleta por el Centro de Portugal, por la Costa

 * https://www.eldiario.es/euskadi/andar-en-bici/rutas/centro-portugal-bicicleta-sao-pedro-da-afurada-obidos_1_9236461.html


Juanto Uribarri

10 de agosto de 2022 21:45h

“Cuando el día se vuelva oscuro, cuando el trabajo parezca monótono, cuando resulte difícil conservar la esperanza… simplemente sube a una bicicleta y date un paseo por la carretera, sin pensar en nada más: todas tus preocupaciones desaparecerán”. Y no lo decimos nosotros, sino un personaje alto, delgado, poco emocional, irónico, ingenioso y perspicaz. Seguro que habéis oído hablar de Sherlock Holmes, a quien muchos siguen considerando mucho más real que su creador, Arthur Conan Doyle. Y si el detective más famoso de todos los tiempos hablaba en estos términos de nuestra amada bicicleta, por algo sería, amigos. Elemental, querido Watson.

Pues bien, apreciados lectores, ¿qué os parece si le hacemos caso y volvemos al centro de Portugal para recorrer, sin prisas y con muchas ilusiones, las cinco etapas que ya os habíamos presentado en 'Andar en bici'? Portugal, un país que tenemos al lado, barato, acogedor y perfecto para recorrer en bicicleta. Y su región central, entre Oporto y Lisboa, sigue siendo en gran medida desconocida. Playas de inmensos arenales, resguardadas por dunas y pinares, con arena blanca y fina y un agitado mar de un azul profundo... rebosantes de imágenes de gran belleza que podemos descubrir en este paseo a lo largo de la que algunos siguen llamando la Costa de Plata. Van a ser unas vacaciones con algo de ejercicio, pero sin ninguna preocupación. No olvidemos que la vida es un regalo con fecha de caducidad. ¿Qué tal si la aprovechamos disfrutando en Portugal de su lado más hermoso?

Etapa 1. São Pedro da Afurada – Ovar (43 km)

Tras una breve visita a la ciudad que dejó su nombre a toda una nación, Oporto, la furgoneta de Flavio nos conduce a São Pedro da Afurada y en el corto trayecto aún podemos observar en el Duero los antiguos rabelos, que transportaban el vino de las fincas productoras hasta la desembocadura antes de la construcción de los diferentes embalses que hicieron navegable el río, mientras el vehículo nos dirige hacia su estuario, donde aparece el pequeño pueblo de pescadores que va a ser nuestro lugar de partida. São Pedro es un barrio con una arraigada tradición pesquera, de calles tranquilas, con casas bajas de vistosos colores, y habitada por gentes amables que te desean buenas tardes a pesar de ser forastero.

Su muelle es visitado a diario por las 'lavadeiras', que no se sabe si lo hacen porque creen que su ropa aquí queda más limpia que en la lavadora o para mantener la tradición. Lo que se percibe a simple vista es que el lavadero es un lugar de encuentro vecinal. Una vez lavada la tienden en pleno muelle, donde la luz del sol y la brisa del mar terminan de darle magia a toda la escena. Y envueltos en esa magia, acondicionamos nuestras monturas y emprendemos la ruta, pedaleando extasiados por la ciclovía en busca del estuario del Douro, que simplemente se diluye en el descomunal océano.

Siempre por el carril bici vamos enlazando una 'praia' tras otra hasta detenernos, atónitos, en una de ellas: nos ha atraído la visión inaudita de una ermita en medio de la playa. La Capela do Senhor da Pedra no es un templo especialmente bello, pero su encanto reside en su peculiar ubicación, a la que se accede a pie sobre la fina arena, y en la historia que tiene detrás. La leyenda cuenta que fue levantada en agradecimiento por parte de un marinero que salvó su vida de forma milagrosa. Hoy semeja un lugar de poder que se eleva 7 m por encima del poderoso Atlántico para servir como freno divino a las embestidas de las olas.

Tras la impactante sorpresa, retomamos la ruta en pos de Rita, que nos lleva de playa en playa hasta llegar a Espinho. Cuando en la península ibérica no se estilaba eso de tostarse en la playa y darse un chapuzón en el mar, lo que era un pequeño pueblo de pescadores se fue convirtiendo en uno de los epicentros del denominado “turismo de baños” y las personas pudientes acudían a remojarse en el frío Atlántico, entre ellos muchos españoles. Y, poco a poco, la tradición pesquera empezó a convivir con el turismo. Fruto de esa herencia, la ciudad cuenta con un barrio pesquero que configura su espacio más singular y pintoresco. Entre casas bajas con ropa tendida en las puertas y pequeños corros con animadas tertulias, aparecen diseminadas algunas tascas que sirven pescado fresco a la brasa.

Luego el carril que nos guía se va adentrando sobre las dunas y el asfalto se convierte en madera para acercarnos a la subyugante Barrinha de Esmoriz, el humedal más importante de la costa norte de Portugal. Esta laguna costera se comunica periódicamente con el mar a través de un canal en el cordón dunar. La atravesamos por sus célebres 'passadiços' y, por supuesto, la foto sobre su famoso puente de madera es obligada.

Enseguida nos adentramos en el Parque Natural de Buçaquinho, área forestal protegida con una rica biodiversidad en una zona de pinar con estanques, jardín de plantas aromáticas y diversas instalaciones para el ocio. 

Desde este lugar hasta la Praia de Furadouro nuestra ruta discurre entre pinares, en paralelo a una carretera de circulación ahora escasa. Contemplamos el fuerte oleaje que golpea a esta playa de ambiente pesquero y surfista, pero antes de finalizar esta primera etapa queremos conocer la cercana cabeza del municipio. 

Ovar, conocida como “la ciudad del azulejo” gracias a sus más de 800 fachadas decoradas con este material, es una villa apacible en la que nos sentiremos atraídos por el maravilloso aroma de sus hornos de 'pão de ló', el tradicional bizcocho del país vecino. Su Rua do Azulejo está decorada con un colorista muestrario de la mejor azulejería portuguesa, que convierten a Ovar en un auténtico museo al aire libre que los ovarenses lucen con mucho orgullo. Dice la investigadora Maria do Rosário que los portugueses nacen en lugares con azulejos, porque los hospitales eran antiguos conventos decorados así; crecen en ciudades llenas de azulejos; se casan en iglesias con azulejos, son enterrados en cementerios ornados de la misma manera y también viajan desde estaciones donde está presente este elemento decorativo. Quizás por eso los naturales lo ven como un componente más del paisaje urbano y, sin embargo, los turistas nos extasiamos ante semejantes obras de arte. Es en la 'igreja' de Nossa Senhora do Amparo de la próxima Válega donde el arte del azulejo alcanza su cénit, lo que la hace ser reconocida como 'la Capilla Sixtina' portuguesa. Nosotros la vemos en un momento en el que el sol proyecta sus rayos sobre el muestrario de azulejos, dotándolos de un soberbio color y viveza.


La 'igreja' de Nossa Senhora do Amparo de Válega, donde el arte del azulejo alcanza su cénit JUANTO URIBARRI

Es quizás el momento de buscar un lugar para una animada cena donde repasar todas las maravillas que hemos descubierto. En la playa de Furadouro, con una zona comercial de calles pavimentadas por unos artistas llamados calceteiros y un paseo marítimo que congrega a decenas de visitantes, y con la ayuda de nuestros dos guías el ambiente nos resulta aún más relajante.

Etapa 2. Ovar – Praia de Mira (59 km)

Con ilusiones renovadas comenzamos nuestro paseo de hoy pedaleando a la orilla del Canal de Ovar, una laguna litoral poco profunda que constituye el mayor de los tres canales principales de la ría de Aveiro. Nos hallamos en el cordón litoral que separa dicha ría del mar, lo que permite a los veraneantes, sin grandes desplazamientos, optar por el mar bravo o las aguas tranquilas de la ría. En el Km 11 de la ruta de hoy dejamos a nuestra izquierda el Ponte da Varela, que nos llevaría por carretera a Aveiro, pero Rita y Flavio tienen un plan mucho mejor para nosotros.


La de Ovar es una laguna litoral poco profunda que constituye el mayor de los tres canales principales de la ría de Aveiro JUANTO URIBARRI

Durante el recorrido por las marismas nos sorprenden unos curiosos barcos veleros planos y alargados, en los que destaca la forma curva de su elevada proa. En las orillas de la ría varan estas embarcaciones denominadas 'moliceiras', curiosas en su diseño y decoración, que se utilizaban para transportar las algas recogidas en los fondos para servir como abono agrícola. Es imprescindible acercarse hasta el puerto de Torreira, para contemplar una auténtica exposición de estas 'moliceiras' pintadas con estridentes colores. Actualmente estas barcas navegan únicamente con fines turísticos. 

Poco después, nos adentramos en la Reserva Natural das Dunas de São Jacinto, una zona con playa, dunas móviles y fijas, bosques de pinos silvestres y charcas de agua dulce, lugar de paso para aves acuáticas. Así llegamos al pueblo pesquero de São Jacinto, donde la sorpresa que Rita nos había anunciado está a punto de producirse: un ferri parece esperar nuestra llegada para cerrar su cadena de acceso e iniciar la travesía en 15 minutos de la ría de Aveiro. Las bicis navegan bien ancladas a popa y nosotros nos situamos a proa para que nuestra joven amiga nos vaya comentando todo lo que estamos viendo en esta desembocadura del río Vouga que configura la ría de la populosa e industrial localidad de Aveiro, comprobando que los tres canales entran ciudad adentro creando una división natural entre los barrios más antiguos y los más nuevos. No es de extrañar que algunos la llamen “la Venecia portuguesa”, aunque quizás resulte un tanto exagerado ese nombre. Nosotros optamos por dejar la visita de esta ciudad para otra ocasión, con miedo de que el encanto de nuestra ruta pueda perderse entre el bullicio y el tráfico de la urbe.


Al llegar a la orilla opuesta, lo hacemos junto al Forte da Barra, que incluye un faro tradicional y dos muelles que custodian la desembocadura del río. Construido en el siglo XVII, dos centurias después la fortaleza perdió su importancia defensiva, aunque se siguió usando para guiar la entrada de embarcaciones al puerto, pero esto dejó de ser necesario cuando se construyó el esbelto Farol de Aveiro, el más alto de Portugal. Tras deambular por las instalaciones del puerto y tomarnos una cerveza en una coqueta tasca junto a una ermita con sabor a barrio pesquero, proseguimos ruta atravesando el canal por el Ponte da Barra, que tiene habilitado un estrecho paso lateral para bicicletas.


Montando en un ferri en el pueblo pesquero de São Jacinto JUANTO URIBARRI

Y muy cerca una nueva sorpresa: casas y más casas a rayas de variados colores. Estamos en Costa Nova, un arcoíris de colores vivos y optimistas que se nos muestra como una barrera cromática entre la apaciguada ría al este y el furioso Atlántico al otro lado del caserío, donde está la playa. Pero esa imagen de casas de cuento a rayas no siempre fue así. Los pescadores, llegados del norte de la ría atrapados por el desarrollo industrial de Aveiro, utilizaron estos 'palheiros', pintándolos de rojo y blanco con líneas horizontales. Pero el tiempo pasó y, mientras en otras zonas próximas los 'palheiros' fueron abandonados a su suerte, los lugareños tiraron de imaginación y esos pajares de madera, de un solo piso y sin tabiques en los que guardaban sus útiles de pesca, comenzaron a transformarse en pequeñas casas de veraneo. Los burgueses de entonces, para distinguirlas de las tradicionales casetas de pescadores, cambiaron las líneas horizontales por verticales e introdujeron nuevos colores como el amarillo, el azul, el verde… forjándose así uno de los pueblos más emblemáticos de la costa portuguesa.


Costa Nova es un arcoíris de colores vivos y optimistas que se nos muestra como una barrera cromática entre la apaciguada ría al este y el furioso Atlántico al otro lado del caserío, donde está la playa JUANTO URIBARRI

Todavía sorprendidos continuamos ruta, con el canal a nuestra izquierda y las dunas a la derecha, que anuncian la proximidad de playas que se unen unas a otras prácticamente sin solución de continuidad. Es esta una zona de poco tráfico que nos acerca definitivamente a nuestro punto de descanso del día: la Praia de Mira. Para entender el porqué de este nombre, solo hace falta 'mirar' el efecto que la luz del sol produce en el brillo de los mil colores del paisaje. Y al llegar junto a la playa, vemos a un grupo de personas arremolinadas y nos acercamos para ver qué está ocurriendo. Tractores, barcas, redes y un sinfín de gaviotas hambrientas. 


El canal de Mira JUANTO URIBARRI

En este único arenal europeo que siempre ha lucido la bandera azul, asistimos a un arte de pesca ancestral: la 'xávega'. Porque en estas costas donde las playas abiertas no permiten puertos pesqueros y el océano azota con una fuerza inusitada, los pescadores se adentran en el mar con una barca de madera llamada 'bateira' y sueltan las redes. Acto seguido, regresan a la playa con una larga cuerda atada a la red, anudando el cabo a una polea instalada en un tractor para que la recoge arrastrando todo lo que pilla a su paso. Esta vez no ha habido suerte y lo arrastrado se devuelve al mar, pero hemos asistido a un espectáculo único.

Luego admiramos el monumento que representa a una familia de pescadores y, junto a él, una capilla a rayas blancas y azules, donde las mujeres de los pescadores rezaban esperando que el mar los devolviera sanos y salvos, nos brinda un lugar de recogimiento para revivir todos los acontecimientos de la jornada.

Etapa 3. Praia de Mira – Figueira da Foz (60 km)

Hoy nos vamos a enfrentar a la única ascensión de toda la ruta por la costa del Centro de Portugal, pero sin asustarse, que tampoco es para tanto. Nos encontramos de salida con una ría natural: la Barrinha de Mira. El cambiante paisaje, en tan corta distancia, entre el pueblecito pesquero y la población del interior ofrece una maravillosa progresión desde las poderosas olas del Atlántico hasta la ría y los pinares que rodean la localidad de Mira, rodeada de dunas de arena, bosques de pinos y lagunas, que se extienden hasta la serra da Boa Viagem. Y hasta ese punto, donde nos espera el reto del día, nos dedicaremos a recorrer 'lagoas', riberas, canales y dunas, muchas dunas. 


La Barrinha de Mira (1) JUANTO URIBARRI

En pocos kilómetros llegaremos a Tocha que, como sucede en tantos pueblos de la comarca, tiene mucho más reconocimiento por su playa que por el caserío matriz, pues su arenal es uno de los lugares donde mejor se conserva el patrimonio cultural de la zona, los 'palheiros'. Nosotros ya hemos visto muchas playas y quizás prefiramos seguir avanzando, atravesando primero la gran extensión de las Dunas de Gándara, Mira y Gafanhas hasta llegar a Quiaios. A lo largo de ese campo de dunas, es posible identificar depresiones dunares y un rosario de pequeños lagos de gran belleza y riqueza ornitológica y botánica. Nos hallamos en la parroquia del Bom Sucesso, cuyo topónimo tuvo su origen en el hecho de que se creía que las aguas de esos estanques de agua dulce eran milagrosas, pues la gente decía que curaban diversas enfermedades a quienes se bañaban en ellas y rezaban a Nossa Senhora dos Remédios.

Quiaios tiene en su playa y la de Murtinheira los lugares más visitados, especialmente por los apasionados de los deportes acuáticos. Pero nosotros elegimos no dilatar más nuestro gran reto y abordamos la ascensión por una carreterita estrecha, bordeada de eucaliptos y mimosas, hasta la Serra da Boa Viagem, en medio de un extenso parque forestal y con un par de 'miradouros' maravillosos. Desde el de Vela se puede ver la isla de Morraceira, las salinas de la ría de Mondego y la ensenada de Buarcos a Figueira da Foz; y en el punto más alto accesible en bici, el Miradouro da Bandeira nos permite admirar toda la costa norte, tan recta que parece trazada con escuadra y cartabón.

Ya solo nos queda dejarnos caer hacia el Cabo Mondego, el único punto acantilado de la costa central portuguesa. Este impresionante conjunto de rocas arrugadas que invaden el mar se ha convertido en referencia mundial como el único lugar del planeta donde, desde el punto de vista estratigráfico, es posible estudiar rocas de 170 millones de años de antigüedad y la génesis del océano Atlántico. Y en él destaca la grandiosa imagen de su Farol, cuya foto inolvidable obtendremos desde un nuevo mirador en el descenso hacia el final de etapa.


El Miradouro da Bandeira permite admirar toda la costa norte, tan recta que parece trazada con escuadra y cartabón JUANTO URIBARRI

Llegamos así a Buarcos, villa pegada a Figueira da Foz, donde se conservan las casas marineras de dos plantas y otras más señoriales. Rodamos junto al fuerte y las murallas que pertenecían al sistema defensivo construido cuando el río Mondego dividía los territorios cristiano y musulmán. Sobre las murallas se alza una pequeña ermita, la Capela da Senhora da Conceiçao, que mira al mar. 

Y por el paseo marítimo arribaremos finalmente a Figueira da Foz, así llamada porque se sitúa en la desembocadura ('foz') del río Mondego. Se trata de una ciudad cosmopolita y llena de vida, que ganó importancia desde finales del s. XIX cuando “ir a bañarse a Figueira” era una costumbre entre la aristocracia del Centro de Portugal. Es uno de los centros turísticos más relevantes del país, no solo por sus playas de arena dorada, sino también por su célebre casino. El Forte de Santa Catarina, con su faro, sigue siendo un referente histórico de la ciudad. También visitaremos la iglesia de Santo Antonio, la Casa do Paço, el palacio do Visconde do Maiorca, la Plaza Europa y su parque y el Mercado Municipal. Y, tras el entretenido paseo, ha llegado el momento de buscar un restaurante para degustar los ricos platos de la comarca. A nosotros nos encantó la magia del Volta e Meia: hacednos caso.

Etapa 4. Figueira da Foz – São Pedro de Moel (63 km)

Marcharnos de Figueira da Foz supone subir al cielo, por cuanto el puente colgante de Edgar Cardoso nos eleva muchos metros por encima de la desembocadura del Mondego. Atravesarlo resulta complicado en bicicleta, pero nosotros lo hacemos por el paso peatonal con unas vistas espectaculares.

Luego rodamos por las poblaciones de Lavos y Palão, para introducirnos en la Mata Nacional do Urso, cuyos pinos fueron plantados durante siglos para la protección de las dunas y su madera, que fue utilizada para la construcción de carabelas, “nuevos mundos al mundo” de la mano de los navegantes portugueses. La leyenda cuenta que su nombre proviene de la lucha del rey Dinis con un oso, a la que hay una imagen alusiva en un retablo de la iglesia de Rainha Santa Isabel en Coimbra.


La Estrada Atlántica JUANTO URIBARRI

Pedalearemos próximos a algunos pequeños lagos, gozando de toda la fragancia aromática del entorno. Y en la Lagoa da Ervedeira nos detenemos a admirar sus mansas aguas, porque Flavio nos ha preparado un buen refrigerio. Al acabar, las pasarelas de su ribera nos conducen otra vez a la Estrada Atlántica hasta llegar a Pedrogão, que triplica sus habitantes en verano gracias a su playa kilométrica repleta de dunas que le dan un aspecto salvaje. 

Visitamos a continuación la Praia da Vieira y nos adentramos en el Pinar de Leiria, mandado plantar por el rey Alfonso III, en el s. XIII, con el objetivo de frenar el avance de las dunas, así como proteger la ciudad de Leiria, su castillo y sus tierras agrícolas de la degradación causada por las arenas arrastradas por el viento. Sería sustancialmente ampliado por Don Dinis I, en la siguiente centuria, cuya estatua con su santa esposa deja constancia del reconocimiento de las gentes de la región.


La estatua de Don Dinis I con su esposa deja constancia de su huella en la zona JUANTO URIBARRI

Antes de finalizar, la ruta nos lleva al Farol do Penedo da Saudade, que significa algo así como “roca de la morriña”, la que sentía la duquesa de Carminha cuando acudía aquí a llorar la muerte de su marido, el marqués Luis de Noronha, ejecutado por alta tradición. Si no nos dejamos intimidar por las alturas, nos asomaremos al acantilado y subiremos a la torre del faro para observar de un vistazo todo el recorrido de la jornada y, a nuestros pies, el final de etapa.

Arropado por un espeso bosque de pinos, São Pedro de Moel es un agradable y elegante pueblo costero de casas encaladas que, entre calles adoquinadas, miran a la inmensidad del Atlántico. Sus elegantes mansiones y chalés se llenan en verano de familias de la clase media-alta de Lisboa para disfrutar de unas vacaciones marcadas por la tranquilidad y la desconexión. Porque São Pedro de Moel no tiene ni discotecas, ni una retahíla de hoteles, restaurantes y bares, para albergar un turismo más selecto que desea olvidarse del estrés entre playas casi salvajes y un agradable aroma a pino y a sal. Este pequeño edén, en el que hacemos noche, enamoró hasta el mismísimo José Saramago, que calificó a la localidad de “incomparable” en su imprescindible obra 'Viaje a Portugal'. 


El Farol do Penedo da Saudade JUANTO URIBARRI

Etapa 5. São Pedro de Moel – Óbidos (64 km)

La última etapa nos espera para dejarnos el mejor de los recuerdos. En su busca partimos para llegar enseguida a la playa de Pedra do Ouro, llamada así porque en las laderas negras que la rodean fueron encontrados fósiles de amonitas con forma de espiral y de color dorado. A poca distancia otra playa, la de Paredes de Vitória, aparece enmarcada por dos laderas muy conocidas por los practicantes de parapente. Su amplio arenal posee un curioso peñasco denominado 'castelo', que lo separa de la vecina playa de Polvoeira.

La siguiente meta volante la tenemos en la playa más conocida mundialmente quizás de todo Portugal, por lo menos entre los surfistas. Pero no queremos privarnos antes del espléndido espectáculo que se divisa desde el Sìtio de Nazaré, desde donde disfrutaremos de una de las más conocidas panorámicas de la costa portuguesa. En lo alto de esos 318 m de roca que cae en picado hacia el mar, nos encontramos la pequeña Ermita de la Memoria, en la que se cuenta la leyenda del milagro obrado por la Virgen al impedir que el caballo de un hidalgo cayese al vacío. Verdad o no, en el mirador de Suberco se puede ver la señal dejada en la roca por la herradura del corcel. Es pura magia contemplar cómo al atardecer la arena de la playa de Nazaré va cambiando de tonalidades a medida que el sol se oculta en el Atlántico. Junto al mirador se levanta un pequeño monolito con una cruz en la que se recuerda que Vasco de Gama acudió a rezar ante la imagen de Nossa Senhora da Nazaré antes de realizar su primer viaje a la India. Es esta una iglesia barroca en la que los azulejos cautivan a los miles de peregrinos y visitantes que le rinden homenaje continuo. La enorme plaza que la rodea y las múltiples tiendas de souvenirs sirven de marco a la estampa más turística de toda nuestra ruta.


El Farol da Nazaré JUANTO URIBARRI

Una estrecha carretera conduce de la citada iglesia mariana al Farol da Nazaré, la mejor grada para contemplar a esos surcadores de los rascacielos de agua, que, por efecto del característico Cañón de Nazaré, han alcanzado los 30 m de altura a lomos de las olas. Es aquí donde nació Nazaré que a partir del siglo XVIII, con el retroceso del océano, se trasladó al pie del promontorio. Y por fuerte y empinada cuesta, descenderemos hacia su largo arenal en forma de media luna en el que destacan los toldos de vivos colores que decoran la playa de arena blanca en contraste con el azul marino. Aunque alguno quizá prefiera bajar en el popular ascensor que salva ese enorme desnivel. Para conocer Nazaré nada mejor que dar un tranquilo paseo por sus calles y parar en uno de sus restaurantes para saborear un plato con sabor a mar. En la 'praia' también se despliegan las vendedoras de pescado seco, alguna vestida con las 'siete sayas' que marca la tradición, y podremos pasear relajadamente por el gran paseo marítimo sintiendo la brisa del océano. Y, al caer la tarde, nada como disfrutar de una inolvidable puesta de sol. 


Vista de Nazaré JUANTO URIBARRI

Si seguimos la ruta, llegaremos a São Martinho do Porto, con su bahía en forma de concha, ligada al océano por una estrecha abertura, lo que causa la tranquilidad de sus aguas. Pero esta coqueta villa ofrece también otros puntos de interés, como su Mirador, con una vista privilegiada de toda la bahía, el Faro del Morro de Santo António, o su Túnel, que sirve de nexo entre las aguas calmas de la bahía y las agitadas del Atlántico. 

En apenas 10 km llegaremos a Foz do Arelho, bañada por un lado por la Lagoa de Óbidos y por el otro por el océano. Frente a nosotros está la hermosa e inmensa Lagoa de Óbidos, que se extiende desde las suaves colinas hasta las grandes dunas de su borde occidental, donde se encuentra con el mar. Su playa describe una suave curva hacia el interior de la laguna y el pueblo de Nadadouro. En el agua, la gente puede caminar por las aguas poco profundas que aparecen por todas partes. Tal topónimo hace referencia a que los pastores tenían la costumbre de conducir a sus rebaños hasta la laguna, donde aprovechaban para solazarse en tan divino 'nadadero'.


São Martinho do Porto, con su bahía en forma de concha, ligada al océano por una estrecha abertura, lo que causa la tranquilidad de sus aguas JUANTO URIBARRI

Y solo nos queda ya el colofón espléndido de una ruta sin parangón. El pueblo medieval de Óbidos es uno de los más pintorescos y mejor conservados de Portugal. Ocupado antes de que los romanos llegaran a la península, el 'oppidum' prosperó desde que el rey Don Dinis se lo regaló a su esposa Doña Isabel, pasando a pertenecer a la Casa das Rainhas, conjunto de bienes que otorgaban los monarcas lusos a sus esposas, que la fueron mejorando y enriqueciendo. Intramuros encontramos un laberinto de calles y casas blancas que fascinan a quien por allí pasea entre pórticos manuelinos, ventanas floridas, pequeñas plazas y algunos de los rincones más auténticos del medievo portugués. Para introducirnos en este mundo mágico, dejamos fuera el acueducto de la reina Catarina de Austria (s. XVI) y entramos por la Porta da Vila que da acceso a la Rua Direita, donde se asientan la mayor parte de las tiendas de 'souvenirs' y restaurantes. Es una calle empedrada, de colores blanco, amarillo y azul, que se convierte en gran parte del año en una especie de mercado medieval donde degustar el típico chocolate y la sabrosa 'ginjinha'.


El pueblo medieval de Óbidos es uno de los más pintorescos y mejor conservados de Portugal JUANTO URIBARRI


El imponente castillo de Óbidos, que se guarece gracias a la muralla JUANTO URIBARRI

Visitando sus 'igrejas' de Santa María y su picota, la de Santiago, convertida hoy en biblioteca, el castillo y las murallas y, en los alrededores, un nuevo Santuario del Senhor da Pedra, es como si nuestro recorrido costero por el Centro de Portugal hubiera encontrado un final redondo, volviendo a su inicio a orillas del Duero que nos ha traído hasta aquí, a un paso del Tajo que nos espera para seguir descubriendo Portugal, un país sin visitar, al que parece que nunca da tiempo llegar. Ya estáis tardando.

jueves, 7 de julio de 2022

Ruta en bici o a pie por la llanura Alavesa

 * https://www.eldiario.es/euskadi/andar-en-bici/rutas/basquetour/gran-ruta-cicloturista-llanada-alavesa-paraiso-arte-pueblos-cargados-historia_1_9149866.html

La gran ruta cicloturista por la Llanada Alavesa, paraíso de arte y pueblos cargados de historia

Como cualquier terreno llano, es una oportunidad para hacer muchos kilómetros sin excesivas dificultades para los cicloturistas que prefieren que la bicicleta no se incline demasiado.


Javier Sánchez-Beaskoetxea

6 de julio de 2022 21:46h


di es un paraíso para el cicloturismo. Sus paisajes, montañas y valles hacen que cualquier ruta en bicicleta se convierta en una sucesión de postales a cada cual más hermosas. Si echamos la vista al territorio de Álava, el territorio de Euskadi con más áreas naturales protegidas, vemos que en su zona centro hay una extensión de terreno más o menos llana. Es lo que se conoce como Llanada Alavesa, y como cualquier terreno llano, para los cicloturistas que prefieren que la bicicleta no se incline demasiado, es una oportunidad para hacer muchos kilómetros sin excesivas dificultades.

Una de las rutas que los organismos promotores del turismo activo en Euskadi están dando a conocer es la Gran ruta cicloturista por la Llanada Alavesa. Es un poco larga, es cierto. Son 119 km en total, pero está pensada para poder hacerla en dos o tres días, pernoctando en algunos de los pueblos de la zona. Además, como no tiene demasiadas cuestas, salvo una zona, no va costar tanto hacer bastantes kilómetros del tirón.


Los detalles de la ruta ELENA J. GÓMEZ

Si somos ciclistas habituales, al no ser una ruta difícil, es posible hacerla perfectamente en una jornada sin prisa, parando en los lugares más bonitos y disfrutando del entorno.

En esta gran ruta se unen buena parte de las diferentes rutas que atraviesan o recorren Álava, como son: la vuelta al Anillo Verde de Vitoria, la vía verde del antiguo ferrocarril vasco-navarro, la ruta verde del embalse de Ullíbarri-Gamboa, el PR-A 13 Camino Real de las Postas y el Camino de Santiago (Camino del interior). Además de la belleza del entorno, es un recorrido que nos acerca a monumentos megalíticos, edificaciones románicas y pueblos fortaleza, a donde podemos llegar con pequeños desvíos del recorrido principal.

Vamos a analizarla aquí dividiéndola en dos etapas: una de Vitoria hasta Agurain, y la otra de regreso a Vitoria cerrando el círculo. En Agurain tenemos varios lugares donde comer y dormir, por lo que es un buen punto donde partir la ruta en dos.

Etapa 1: Ataria-Agurain, 69 km

Salimos del Centro de Interpretación de Naturaleza de Ataria, en las afueras de Vitoria para dirigirnos al norte, hacia el embalse de Ullibarri-Gamboa, al que daremos casi la vuelta completa por unos caminos y senderos tranquilos, disfrutando de la fauna y del paisaje del embalse. El camino, que se ajusta casi a la perfección a las orillas del embalse, es fácil, sin apenas cuestas, y encontramos más de un rincón en el que pararnos un momento a disfrutar del recogimiento del agua embalsada y de las numerosas aves acuáticas que nos salen al paso. Por el norte, el Gorbeia se asoma a vernos.

Tras terminar este perímetro del embalse, conectamos con el Camino Real de Las Postas. Su nombre viene de que por aquí iban los correos que durante varios siglos salían hacia Francia. A través de varias pistas, en las que nos vamos a topar con las únicas dificultades de toda la ruta en forma de cuestas, vamos hacia Galarreta y Zalduendo. Si queremos evitar estas subidas, podemos ir directamente hacia Agurain por una carretera llana sin mucho tráfico.

Concebida como fortaleza en el siglo XVI, la iglesia de San Juan Bautista merece un alto en el camino para hacerle una visita JOSÉ MIGUEL LLANO

Entre Zalduendo y Agurain pedaleamos por un tramo fácil del Camino de Santiago interior. Ya en Agurain, podemos dormir y recuperarnos allí.

Etapa 2: Agurain-Ataria, 50 km

Esta segunda etapa es más corta y más llana que la anterior. Seguimos por el Camino de Santiago para salir de Agurain hacia Elburgo, uno de los pequeños pueblos que encontramos en la ruta. Un municipio con no pocos edificios históricos que ver, de ahí el numeroso turismo rural que lo visita. Seguimos viaje pedaleando sobre el trazado de la antigua vía romana que unía Burdeos con Astorga. Cerca del Santuario de Estíbaliz entramos en el ramal de la vía verde del ferrocarril vasco-navarro. Merece la pena desviarnos un poco de la ruta para subir a este Santuario tan querido por los alaveses y visitar su Basílica y el Centro de Interpretación del Románico, donde aprenderemos mucho sobre este estilo constructivo.



El santuario de Estíbaliz JOSÉ MIGUEL LLANO

Ya en la vía verde del antiguo ferrocarril vasco-navarro, vamos a disfrutar durante unos kilómetros de un trazado fácil y llano pedaleando junto a campos de labranza que, según la época del año en la que hagamos la ruta, nos van a presentar sus diferentes y coloridas vestimentas. Ya en las afueras de Vitoria, conectamos con su afamado Anillo Verde, cuya vuelta completa suma unos 30 kilómetros de ruta tranquila. Nuestra ruta no recorre el total del Anillo ya que finaliza al llegar de nuevo al Centro de Interpretación de Naturaleza de Ataria.


Los humedales de Salburua integran el afamado Anillo Verde de Vitoria JOSÉ MIGUEL LLANO

Consejos:

Se puede hacer en una bici de montaña, aunque para este tipo de caminos la bici de gravel es perfecta, ya que nos da seguridad en las pistas y a la vez nos permite rodar más rápido con menos esfuerzo que en una 'mountain', sobre todo en los tramos de asfalto.

Es mejor hacer la ruta con tiempo seco para evitar tramos de barro, ya que buena parte del trazado rodamos por tierra y pistas.

Aunque pasamos por varios pueblos en donde repostar, si hace calor es recomendable llevar dos bidones de agua.

jueves, 30 de junio de 2022

Ruta en bicicleta por Segovia

 * https://www.eldiario.es/euskadi/andar-en-bici/rutas/segovia-bicicleta-sintiendo-cara-frio-enero-castilla_1_9109229.html

Segovia en bicicleta: sintiendo en la cara el frío de enero en Castilla

El castillo de Coca, bañado por la niebla JULEN ITURBE-ORMAETXE


En invierno esta región es como un imán y la ruta, desde el punto de vista del 'track' que se había de seguir, no tiene mucho problema.

Julen Iturbe-Ormaetxe

29 de junio de 2022 21:23h


Estos últimos días, las temperaturas en Segovia han superado los 36 grados. En enero, sin embargo, hace frío, mucho frío. ¿Cuánto? Cuando quedaron cuatro días libres en la agenda y decidimos pedalear por tierras segovianas, seis o siete grados bajo cero para empezar cada jornada. Y lo más difícil de entender es lo bien que lo pasamos.

Entrada a las Hoces de Riaza JULEN ITURBE-ORMAETXE


No era la primera vez que hacía algo parecido. Vamos, que mi reincidencia debe tener algún anclaje en la personalidad profunda. Ya le gustaría a Sigmund Freud sentarse un rato conmigo y hacerme charlar sobre la realización inconsciente de deseos y las pulsiones que me llevan a disfrutar pedaleando a semejantes temperaturas. Pero ya se sabe: la felicidad va por barrios y cada cual echa mano de lo que puede.

Los detalles de la ruta por Segovia ELENA J. GÓMEZ

La ruta, desde el punto de vista del 'track' a seguir, no tenía mucho problema. Todo era cuestión de localizar alguna que me permitiera disfrutar del frío castellano. Si soy sincero, no me planteé demasiadas exigencias. Bueno, que hiciera uso de pistas y caminos por los que lucir la bici de montaña, que fuera circular y que me condujera también por pueblos con historia. Tampoco era tan difícil, ¿no? Como tantas otras veces, me encomendé a san Wikiloc, se obró el milagro en forma de Transegoviana y, ya puestos, quise estirar un poco más el prodigio y comenzar la ruta en Milagros, que no es Segovia, pero está a las puertas y me daba una opción de alojamiento cómodo.

Allí estábamos el 2 de enero de 2019. Primera hora de la mañana y, por suerte, “solo” hay tres grados bajo cero. Nade de seis o siete. Además, como ya sabéis, a cero grados se alcanza el equilibrio: ni frío ni calor. 

Salimos por una pista paralela a la autovía N-1. Hay que cruzar el límite provincial y entrar en Segovia, que espera allá, arriba de la cuesta, en concreto en Honrubia de la Cuesta. La típica toponimia que no oculta nada, ¿verdad? Con frío, se agradece subir. Con frío duele bajar. Pero es lo que hay. Tras coronar, entramos en ese tipo de pista de color rojizo que tan bien conocemos los velocipedistas de monte. La arcilla es la arcilla. Virgencita, virgencita, que no le dé por llover.

Me encomendé a san Wikiloc, se obró el milagro en forma de Transegoviana y, ya puestos, quise estirar un poco más el prodigio y comenzar la ruta en Milagros, que no es Segovia, pero está a las puertas y me daba una opción de alojamiento cómodo

Mis rutas de invierno son momentos de Cola-Cao. Vaya por delante que no lo tomo habitualmente, pero qué queréis que os diga: ponte a bajo cero con la bici y cuando, por fin, paras en un bar, “¿Qué vas a pedir?” “Por favor, ¿me pone un Cola-Cao bien, pero bien caliente?”. Porque esa es otra: cuando te ven entrar en el bar y fuera hace un frío del carajo, lo que básicamente siente la gente por ti es pena, una pena infinita. Así que Fuentesaúco inauguró la también denominada Ruta del Cola-Cao. Segovia en enero es así.

Poco después, llegamos a Fuentidueña. Es obligado pasar por los alrededores del castillo y su necrópolis medieval. Que no se diga que los cadáveres no están bien aireados. Con este frío y la brisa heladora, se tenían que conservar de maravilla. Ya, ya, pero luego Lorenzo en pleno verano hará estragos, ¿no? Bueno, dejémonos de muertos medievales, que nadie nos ha invitado a la fiesta. Vamos para Cuéllar, que allí sí que hay un buen 'Exin Castillos' y será, además, nuestro primer final de etapa. Por fin, a la una del mediodía sale el sol. Gloria bendita, sentados junto a la pared de un convento. Éxtasis. Pura mística del pedal invernal en Castilla.

La mañana del segundo día nos obsequia con el premio gordo. Seis bajo cero y una niebla de esas que es pura alegría. Hay que animarse como sea. Vale, a las doce ya ha subido a cuatro bajo cero y parece que la niebla empieza a despejar. Fiesta por todo lo alto. En cualquier caso, las plantillas calefactables para los pies son un invento apoteósico. Luego, las tres capas de camiseta térmica, chaqueta ligera y la chaqueta de Goretex cumplen su función. Si a esto le añades una dosis adecuada de convicción personal y autoengaño —podía ser peor y ponerse a nevar—, la ruta empieza a ser agradable. Que conste que la cencellada es espectacular. Hay que fotografiarla a toda costa y no veáis lo que supone quitarse los guantes y verte unos dedos que casi ya ni lo son. Tiene su aquel fotografiar en estas condiciones.

Enlazamos con una vía del Camino de Santiago. Como todo el mundo sabe, es imposible hacer una ruta de larga distancia en bici dentro de la Península Ibérica sin toparse con flechas amarillas. Hasta ahora no se sabe de nadie que lo haya conseguido. Dejamos atrás Coca y Carbonero de Hausín, hacemos trampa por un atajo hacia Peñarrubias de Tirón y, por fin, llegamos a Turégano. Entre campos abiertos y suaves lomas, el camino nos regala un fangal incomprensible. ¿Os acordáis de la arcilla? Pues algo parecido, pero de color más grisáceo. ¡Menos mal! ¡Hay estación de servicio con lavadero! “Lo siento, el sistema de lavado está estropeado por las bajas temperaturas”. Miseria. Plan B: a una fuente y que sea lo que Dios quiera. El milagro del día, no obstante, es el suelo radiante de la posada en la que me hospedo. Se me caen las lágrimas de placer. El mundo es maravilloso.


La Plaza Mayor, una estampa típica de Sepúlveda JULEN ITURBE-ORMAETXE

El tercer día de ruta nos llevará hasta Riaza. Toca, además, hoyar el recinto amurallado de Pedraza. El panorama ha cambiado. Nada de niebla. Desde primera hora luce el sol. Lo siento, pero es un bluf. Vaya mierda de sol. Siete bajo cero y sol. Valiente cantamañanas. Para eso, que ni salga. Vergüenza debería darle. Decía que Pedraza quedaba en el camino. Ni un alma allá arriba. ¿Quién va a salir con semejante desplome de las temperaturas? Seguimos: Orejanilla, Valleruela de Sepúlveda y, por fin, Villar de Sobrepeña. Aquí se coge una encantadora senda junto al río Duratón hasta alcanzar el puente de Talcano, a los pies de Sepúlveda 'city'. Arriba, en el 'down town', otro Cola-Cao en una terracita al sol. Continuamos hasta nuestro fin de etapa en Riaza, pero antes enlazamos con la Cañada Real Segoviana. Por donde antes pasaban ovejas ahora pasan ciclistas. Cosas del progreso. 

En la última jornada, cerramos el bucle y regresamos a Milagros —que haberlos, haylos—, donde habíamos dejado el coche. Nuestra particular trashumancia nos conduce a través de la Cañada Real Soriana Occidental, un tramo estupendo repleto de charcos helados. Crac, crac, crac. Tras algo más de veinte kilómetros, llegamos a Ayllón. El termómetro de la plaza se empeña en insultarme: “Te recuerdo que estamos a seis bajo cero, imbécil”. Lo único que se me ocurre es meterme un pincho de tortilla en una tasca de la plaza. “¿Se lo caliento?”. No, me lo sacas un rato a la fresca y luego, si eso, ya lo ingerimos cual helado de tortilla. Qué gracioso el camarero.

Queda poco para terminar la ruta. Maderuelo invita a callejear. Abajo, el embalse de Linares del Arroyo echa humo. La sensación de frío sigue aquí. Estoy pesado, ¿verdad? Encuentro otro establecimiento abierto. Cola-Cao de mis amores. Ya solo hay que pedalear por las hoces del Riaza mientras los buitres andan a lo suyo. Alcanzada la ermita del Casuar, subo hasta Montejo de la Vega de Serrezuela y luego pedaleo ágil en bajada por una zona cultivada, gracias a que el río Riaza, de repente, se vuelve amable. 

En fin, no ha sido para tanto, ¿no? ¿Te animas? Yo, confieso, soy repetidor. El frío conserva, no lo olvides. Castilla en invierno es como un imán. Hasta la próxima ruta. Rodamos suave suave.

lunes, 6 de junio de 2022

Canal de Castilla en bicicleta o a pie

 * http://www.canaldecastilla.org/

* http://www.canaldecastilla.org/index.php/como-funcionaba

EL CANAL DE CASTILLA, es uno de los proyectos más relevantes de ingeniería civil de la España Ilustrada, el objetivo principal de su construcción fue servir como vía fluvial de comunicación y transporte que solucionase el problema de aislamiento al que estaba sometida la meseta castellana y leonesa, debido a una orografía complicada y una deficiente y mal conservada red viaria, que dificultaba y hacía casi imposible el transporte de los excedentes agrarios de la región, cereales en su mayoría.

EL CANAL DE CASTILLA, es uno de los proyectos más relevantes de ingeniería civil de la España Ilustrada, el objetivo principal de su construcción fue servir como vía fluvial de comunicación y transporte que solucionase el problema de aislamiento al que estaba sometida la meseta castellana y leonesa, debido a una orografía complicada y una deficiente y mal conservada red viaria, que dificultaba y hacía casi imposible el transporte de los excedentes agrarios de la región, cereales en su mayoría.

Aunque habían existido antecedentes de proyectos similares en los siglos XVI  y XVII, no sería hasta mediados del siglo XVIII, cuando Fernando VI y su ministro más influyente, el Marqués de la Ensenada, empezaron a pensar en un ambicioso plan para desarrollar la economía de España, plan en el que tendría gran notabilidad las obras públicas relacionadas con la comunicación.

Es entonces cuando el Marqués de la Ensenada propone a Fernando VI la construcción de una red de caminos y canales de navegación pensados para Castilla, al ser, por entonces, la principal productora de cereales. Dos años más tarde, el ingeniero Antonio de Ulloa, presenta el “Proyecto General de los Canales de Navegación y Riego para los Reinos de Castilla y León”  basado en otros trabajos previos del ingeniero francés Carlos Lemaur.

En el proyecto inicial se contemplaban 4 canales, que unirían Segovia con Reinosa, con la intención de, en un futuro, atravesar la cordillera Cantábrica y poder llegar al mar por el puerto de Santander. El Canal del Norte pretendía unir Reinosa (Santander) con el sitio de Calahorra de Ribas (Palencia). De este tramo se llega a construir desde Alar del Rey hasta Calahorra de Ribas. El ramal Canal de Campos, que continuaría desde Calahorra de Ribas (Palencia) por la comarca de Tierra de Campos hasta Medina de Rioseco (Valladolid), se construye en su totalidad. Canal Sur, que tomaría las aguas del Canal de Campos en el sitio conocido como el Serrón (Grijota), para desembocar en el Río Pisuerga en Valladolid, y que también se construye en su totalidad. Y el Canal de Segovia, que uniría Segovia con Villanueva de Duero (Valladolid). Nunca fue realizado......

Las obras de este grandioso proyecto dieron comienzo el 16 de julio de 1753 en Calahorra de Ribas, término municipal de Ribas de Campos (Palencia), bajo la dirección de Antonio de Ulloa y el ingeniero jefe Carlos Lemaur, en el tramo conocido como Ramal de Campos.  Al año de haberse iniciado se paralizan, habiéndose construido hasta ese momento 25 km aguas abajo, desde Calahorra de Ribas a Sahagún el Real (cerca de Paredes de Nava).Posteriormente, en el año 1759 las obras se reanudan, pero esta vez se acuerda iniciarlas en el estrecho de Nogales, cerca de Alar del Rey, comenzando de esta forma la construcción del Ramal del Norte, siendo finalizadas las obras de este ramal en agosto de 1791, cuando las aguas del Norte se unen con las del Ramal Campos en el lugar de Calahorra de Ribas. 

Pasarela

Al año siguiente de la finalización de las obras del Ramal Norte se inicia la navegación en el tramo comprendido entre Sahagún el Real (Paredes de Nava) y Alar del Rey, a la vez que se comienzan las obras del Ramal Sur desde El Serrón (Grijota) hacía Valladolid.La Guerra de la Independencia y la posterior etapa de crisis política, económica y social que atravesó España, ocasionaron grandes destrozos en lo ya construido, y obligaron a paralizar las obras en Soto Alburez cerca de Dueñas (Palencia). Era el año 1804.

El rey Fernando VII, previa visita realizada a las instalaciones del Canal, y viendo que el Erario Público no era capaz de seguir sufragando el coste de dicha obra, dicta, el 10 de septiembre de 1828, una Real Orden para que el proyecto pudiera ser ejecutado por una empresa privada.

De esta forma, en 1831 el Estado concede a la “Compañía del Canal de Castilla” la explotación del Canal durante 80 años, una vez finalizadas las obras. A cambio se compromete a finalizar las obras en un plazo de siete años. Nuevas dificultades bélicas de la época impiden el cumplimiento de los plazos marcados, por lo que es necesario redactar un nuevo convenio mediante el cual se acorta el plazo de explotación a 70 años, y se amplía el plazo para acometer las obras, lo cual permite finalizarlas en 1849, tal como las conocemos en la actualidad.Una vez privatizada su construcción en 1835 se finaliza el Ramal del Sur con la llegada de las aguas al río Pisuerga a Valladolid, y en 1849 se ve finalizado el Ramal de Campos bajo el reinado de Isabel II.

Así el 14 de diciembre de 1849 comienza la explotación del Canal de Castilla; navegación, fuerza hidráulica, regadío y pesca por la “Compañía del Canal de Castilla” y un periodo de 70 años, una vez concluidos estos revertirá de nuevo al Estado, que es quien lo administra desde entonces, dependiendo en la actualidad la gestión y explotación a la Confederación Hidrográfica del Duero.

Aunque la navegación comenzó por el ramal Campos-Norte a finales del siglo XVIII, la época de mayor esplendor tuvo lugar una vez concluido todo su recorrido actual, entre los años 1850-1860, cuando las barcas que surcaban el Canal superaban las 350, la mayoría de ellas de propiedad privada.

La apertura de la línea férrea Valladolid-Alar del Rey, con un trazado casi paralelo al del Canal de Castilla, motiva que el Canal de Castilla vea truncada su utilización “como vía de transporte y comunicación”.

No obstante su cauce sigue proporcionando otros usos derivados de la fuerza motriz, generando un desarrollo económico e industrial en las localidades por las que discurre y propiciando que nazcan fábricas de papel, harinas, cueros, molinos, armas e incluso astilleros.El Canal de Castilla ya no solo era una vía de comunicación y una arteria para irrigar los socarrones campos de Castilla, también era el responsable del despertar industrial de la Región. 

¿ Cómo funcionaba ?

El cauce del Canal tiene una sección trapezoidal, con una anchura y profundidad variable dependiendo de los tramos, entre 11 y 22 metros de anchura y 1,80 a 3 metros la profundidad.

Por sus aguas navegaron las barcazas, en un principio movidas por un sistema combinado de arrastre y vela, pero con el paso del tiempo sólo se mantuvo el arrastre mediante caballerías como fuerza motriz.

El tráfico por el Canal solo estaba permitido de sol a sol.

Para su construcción hubo que salvar un desnivel de 150 metros y poner en marcha la "ingeniería del transporte", por lo que se construyen una serie de elementos arquitectónicos capaces de salvar los desniveles propios de la fisonomía del terreno y facilitar de esa forma la "navegación". La Junta de Castilla y León, por Decreto de 13 de junio de 1991, declaró el Canal de Castilla Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjunto Histórico.

* https://www.turismocastillayleon.com/es/arte-cultura-patrimonio/grandes-rutas/canal-castilla

Una de las mejores opciones para disfrutar de la naturaleza, la fauna y los paisajes que proporciona el Canal de Castilla es realizar este recorrido a pie.

Sus más de 200 kilómetros exigen utilizar varias jornadas para recorrer los tres ramales, y a una media de 25 ó 30 kilómetros diarios, el senderista puede realizar todo el recorrido en algo menos de ocho días, disfrutando tanto del Canal de Castilla como de los múltiples pueblos que atraviesa. Diversos carteles explicativos aparecen a lo largo de la ruta, aunque la mejor señal indicadora es el propio Canal.

Cualquier época del año es adecuada para conocer el Canal, aunque se recomienda recorrerlo en primavera y verano. Es importante utilizar un vestuario adecuado y que el equipaje tenga poco peso. No viene mal llevar un impermeable por si llueve y una visera o gorro en los días de sol.

Los caminos de sirga que custodian el Canal también permiten realizar la ruta en bicicleta de montaña. Esta es una elección ideal para disfrutar de toda la riqueza monumental, paisajística y faunística del recorrido. A una media de 10 Km/h y empleando cinco horas cada jornada, el Canal se puede recorrer en cuatro días.

Y los amantes del turismo activo pueden recorrer el Canal de Castilla en piragua, y para ello es necesario acercarse a las empresas que organizan este tipo de rutas turísticas. Además, se pueden llevar a cabo diferentes rutas en barco a lo largo del Canal de Castilla, desde Medina de Rioseco (Valladolid), Herrera de Pisuerga o Villaumbrales (Palencia) y Melgar de Fernamental (Burgos).

Calahorra de Ribas, donde se comienzan las obras.

Monasterio de Santa Cruz de la Zarza, al lado de Ribas de Campos


Calahorra de Ribas, antigua posta o pensión

Calahorra de Ribas, restos de fábrica de harina.



Se junta el río Carrión al río Pisuerga










Esclusas de Calahorra de Ribas.


Monasterio de Santa Cruz de la Zarza.

Claustro del siglo XI




Interior del Claustro del Monasterio de Santa Cruz de la Zarza

Esclusas en Frómista



* https://conalforjas.com/canal-castilla-bicicleta/

¡Hola alforjero! Hoy toca hablar de una de las rutas en bicicleta más famosas de España: El Canal de Castilla. Un recorrido fácil y seguro perfecto para hacer en familia o para iniciarse en el cicloturismo. Vamos a verlo.

Si los franceses tienen el Canal de Midi o el de Garona, nosotros tenemos el Canal de Castilla y el Canal Imperial de Aragón (del que hablaremos en otra ocasión). Y que por cierto, no tienen nada que envidiarles a los primeros.

El Canal de Castilla fue la obra de infraestructura hidráulica más importante de España en los siglos XVIII y XIX. Su objetivo era mejorar el transporte de cereal desde el centro de la península a los puertos del Norte.

Recorrerlo supone ser testigo del esfuerzo y la inversión gigantesca que tuvo que suponer en su época. Desgraciadamente la aparición del ferrocarril lo dejó obsoleto, al menos para transporte de mercancías.

Sin embargo, otros usos permanecen vigentes hoy día, como el regadío o de reserva medioambiental. Pero en el que vamos a centrarnos en este post es su uso turístico y especialmente en el cicloturismo.

El Canal de Castilla en bicicleta

Recorrer el Canal de Castilla se ha convertido en un destino casi obligatorio para cualquier cicloturista que se precie. Especialmente para aquellos que buscan rutas fáciles y tranquilas con el especial atractivo que suponen sus numerosas esclusas.

Tenemos a nuestra disposición un total de 207 kilómetros para recorrer en bicicleta a lo largo de sus tres ramales:

Ramal Norte: Alar del Rey – Calahorra de Ribas (75km)

Ramal Sur: Serrón – Valladolid (54km)

Ramal de Campos: Calahorra de ribas – Medina de Rioseco (78km)

Estos tres ramales forman una «Y» invertida como puedes ver en este mapa.

Por la facilidad logística, la mayoría de cicloturistas optan por recorrer los ramales Norte, Sur y una pequeña parte del ramal de Campos. Es decir, desde Alar del Rey hasta Valladolid.

Unos 150 km que podremos pedalear fácilmente en 2-4 días dependiendo de nuestro ritmo. Más adelante te proponemos las etapas dependiendo del número de kilómetros que quieras hacer al día.

Aunque si quieres hacer todos los ramales hay un track de Vicente Bisquert que recorre los tres, uniendo el ramal Sur con el de Campos a través de una variante.

Información práctica

1. ¿En qué sentido realizar la ruta?

Lo más recomendable es hacerla en sentido Norte – Sur, es decir, desde Alar del Rey a Valladolid. De este modo podremos beneficiarnos del suave desnivel, prácticamente imperceptible.

Durante casi todo el trayecto podremos usar ambas orillas del canal, ya que encontraremos camino de sirga tanto en un lado como en el otro. Camino, no carril bici. Eso sí, totalmente ciclable en todo su recorrido.

2. Recorrido y track

Aunque es difícil perderse, ya que está señalizado y el propio Canal hace de señalización, si te gusta llevar un track para organizarte las etapas o ver lo que te queda te lo dejamos a continuación:

3. Logística

Como toda ruta lineal, requiere de un poco de logística para transportar las bicis.

En el caso del Canal de Castilla, lo más común es dejar el coche en Valladolid (puedes ver aparcamientos controlados en este enlace) y coger el tren de Media Distancia desde Valladolid a Alar del Rey-San Quirce.

Este tren hace el recorrido dos veces al día, una por la mañana y otro por la tarde. Tendremos que coger el primero si queremos aprovechar el día para pedalear. Tarda 1h y 40min y sale a las 9.55. Puedes comprar los billetes aquí.

La otra opción sería dejando el coche en Alar y coger el tren al terminar la ruta. A nosotros personalmente no nos gusta esta opción ya que te “obliga” a llegar a Valladolid antes de que salga el tren de la tarde.

4. El Canal de Castilla con niños

Su perfil prácticamente llano junto con la ausencia de vehículos motorizados hace que el Canal de Castilla sea una ruta fácil y segura, las dos características fundamentales para una ruta apta para los más pequeños.

Lo único que hay que tener en cuenta es ir bien surtidos de agua, ya que las fuentes no abundan en el canal y tendríamos que desviarnos a algún pueblo para rellenar las botellas.

Eso sí, tendremos que dimensionar las etapas para ajustarlas a los kilómetros que pueda hacer el niño. Las vemos a continuación.

5. Etapas del Canal de Castilla

Desde Conalforjas te proponemos 3 alternativas, hacer la ruta en 2, 3 o 4 etapas. Vamos a verlas:

El Canal de Castilla en 2 etapas

Es la opción más habitual para un cicloturista que este medianamente en forma. Las etapas nos quedarían de la siguiente forma:

Etapa 1: Alar del Rey – Frómista: (58km)

Etapa 2: Frómista – Valladolid: (87km)

De este modo podremos disfrutar de la tarde en uno de los pueblos más bonitos por los que pasa el Canal de Castilla y con más ambiente gracias al Camino de Santiago Francés: Frómista.

El Canal de Castilla en 3 etapas

Una buena opción para hacer en un puente o unas vacaciones cortas a un ritmo más pausado.

Etapa 1: Alar de Rey – Frómista: (57km)

Etapa 2: Frómista – Palencia: (40km)

Etapa 3: Palencia – Valladolid: (46km)

Así, además de Frómista podremos darnos una vuelta por Palencia “la gran desconocida”.

El Canal de Castilla en 4 etapas

Por último te planteamos esta opción, perfecta para hacer con niños o para los que les guste viajar muy despacio.

Etapa 1: Alar del Rey – Osorno (37km)

Etapa 2: Osorno – Frómista (22km)

Etapa 3: Frómista – Palencia (40km)

Etapa 4: Palencia – Valladolid: (46km)

6. ¿Dónde dormir en el Canal de Castilla?

Dependiendo de dónde termines tus etapas necesitarás alojamiento en un sitio u en otro. Así que hemos preparado un pequeño mapa con los alojamientos más cercanos a la ruta para que elijas el que mejor te convenga.

Solo tienes que pinchar sobre cada uno de ellos y te aparecerá un enlace para ver precios y disponibilidad.

7. Guía del Canal de Castilla

Si eres de los que les gusta llevar una guía de cada ruta para ir leyendo tienes a tu disposición varias gratuitas en la web oficial en el apartado de guías. Puedes verlas aquí.

También hay una guía en papel de Ignacio Saez bastante actualizada que puedes ver a continuación.

8. La mejor época para hacer el Canal de Castilla

Al ser una ruta no demasiado exigente, pensamos que se puede hacer sin problema durante todo el año. Eso sí, en verano nos tocará madrugar bastante para evitar las horas de calor. Aunque hay algunos tramos con sombra, la mayor parte del tiempo estaremos expuestos al sol.

La mejor época sin duda sería a principios o mediados de otoño, ya que los arboles que custodian el canal son en su mayoría de hoja caduca y tiene que ser un espectáculo de colores digno de ver.

9. El Canal de Castilla organizado

Por último, si lo que estás buscando es una empresa que se encargue de organizar todo (alojamientos, transporte de equipaje…), conocemos algunas opciones interesantes. Ponte en contacto con nosotros y a ver si te encontramos algo que te guste.

* https://www.diputaciondepalencia.es/sitio/turismo/rutas-culturales/rutas-canal-castilla

* http://www.provinciadevalladolid.com/es/centros-turisticos-provinciales/centro-recepcion-viajeros-canal-castilla


lunes, 30 de mayo de 2022

Juzbado. Almenara de Tormes

 Camino de Santa Lucía, Fundación Tormes

Una preciosa ruta organizada por la Asociación Norteste de Salamanca, con la colaboración del ayuntamiento de Juzbado, la Fundación Tormes y las maravillosas personas que nos mostraron con tanto amor y entusiasmo sus libros sobre Botánica, en el Centro Botánico de Juzbado... 

Gracias a esas 2 guías que tuvimos durante todo el día y al guía de la Fundación Tormes y todas las personas que colaboraron.

* https://nordestesalamanca.com/













* http://fundaciontormes-eb.org/
























* http://www.juzbado.es/


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RUTAS DEL NORDESTE VISITA JUZBADO
El próximo domingo 29 de mayo se celebrará en Juzbado una jornada campera que consistirá en recorrer el Camino de Santa Lucía desde nuestro pueblo hasta la vecina localidad de Almenara de Tormes y visitar allí "Arte Emboscado", en el espacio fluvial restaurado de la Fundación Tormes. La organización que corre a cargo de la activa Asociación NORDESTE invitará a un aperitivo a todos los participantes de vuelta en Juzbado y luego, por la tarde, visitaremos juntos el Centro Botánico.  

Se trata de un programa de turismo que se desarrolla en nuestra comarca titulado "Rutas por el Nordeste de Salamanca".  En esta ocasión, la Ruta 3 discurrirá por nuestros entornos y pondrá de relieve nuestros paisajes tormesinos y las infraestructuras y servicios públicos para el turismo y el desarrollo local.  Las características de la ruta son estas:

Distancia: 7 km.

Tiempo caminando: 3 horas

Dificultad: baja.

Inicio y final: Plaza de la Iglesia de Juzbado

La inscripción es gratuita y se abrirán el lunes 23 de mayo a partir de las 10 hrs. (se cerrará una vez cubiertas las  plazas disponibles) Inscripciones en:  www.nordestesalamanca.com




CENTRO BOTÁNICO
El Centro Botánico de Juzbado se ubica en la antigua ermita de San Miguel, un edificio datado en 1775 y que ha sido recientemente restaurado.  Alberga la colección botánica de Ana González-Garzo y Augusto Krause.  Se trata de un fondo bibliográfico de miles de libros de botánica, farmacia y medicina desde el siglo XVI hasta la actualidad y de un abultado archivo de varios miles de plantas herborizadas, clasificadas y presentadas en láminas.

Para más información puedes consultar la página WEB del centro:
http://www.centrobotanicodejuzbado.es/















* https://juzbado.blogspot.com/p/ambiente.html
En este enlace encontraréis más rutas por Juzbado.